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México Profundo

La Patria de Todos los Días

Fernando Flores FernándezColaborador invitado
Septiembre 2026 · Edición 052 min de lectura
La Patria de Todos los Días
Fernando Flores Fernández

Hay mexicanos que se acuerdan de la patria como de una tía lejana: la visitan una vez al año, le llevan flores, le gritan “¡Viva!” y al día siguiente vuelven a estacionarse en doble fila.

Septiembre tiene esa extraña virtud de despertarnos el patriotismo. Aparecen las banderas, el pozole, los sombreros que nadie usaría en circunstancias normales y ese mexicano oculto que todos llevamos dentro, dispuesto a cantar el Himno Nacional con una mano en el pecho y la otra sosteniendo un tequila.

Y está bien celebrar. Faltaba más.

El problema comienza cuando creemos que amar a México consiste únicamente en gritar su nombre durante una noche.

Porque la patria no vive solamente en Palacio Nacional, en los libros de historia o en una bandera ondeando sobre una plaza. La patria vive mucho más cerca: en la casa, en la calle, en la banqueta, en la forma en que tratamos a quien no puede ofrecernos nada.

Patria es respetar el semáforo, aunque nadie nos esté mirando.

Es no tirar basura y después quejarnos de que la ciudad está sucia.

Es pagar justamente por el trabajo de alguien.

Es cumplir la palabra empeñada.

Es enseñarles a nuestros hijos que tener influencias no significa tener derecho a pasar por encima de los demás.

También es reconocer que el país no siempre se equivoca allá arriba. A veces México se nos descompone aquí abajo, en esas pequeñas trampas cotidianas que justificamos diciendo: “No pasa nada”.

Y sí pasa.

Pasa que una nación no se destruye solamente por sus grandes problemas. También se desgasta con millones de pequeñas irresponsabilidades.

Yo también he caído en esa cómoda costumbre de exigir un país perfecto mientras disculpo mis propias fallas. Resulta muy sencillo pedir mejores gobernantes, mejores vecinos y mejores ciudadanos. Lo verdaderamente incómodo es preguntarnos si nosotros estamos siendo mejores.

El patriotismo sin civismo termina siendo una especie de karaoke nacional: mucha emoción, mucho volumen y muy poca memoria al día siguiente.

Por eso, cuando llegue la noche del 15, gritemos con fuerza. Celebremos nuestra historia, abracemos nuestras raíces y sintámonos orgullosos de pertenecer a esta tierra extraordinaria, contradictoria, generosa y, a veces, desesperante.

Pero cuando termine la música y guardemos la bandera, recordemos que México seguirá ahí, esperando algo más de nosotros.

Porque a la patria no se le ama únicamente una noche.

Se le cuida todos los días.

Fernando Flores Fernández es Presidente Municipal de Metepec, México, por segunda ocasión; empresario, escritor y filántropo mexicano reconocido en múltiples ocasiones como uno de los 300 líderes más influyentes de México. Su lema —«Que la conclusión de un trámite o servicio no dependa de un funcionario público»— es el mantra de innumerables transformaciones digitales en México y todo el continente. Fernando es una de las voces latinoamericanas con más autoridad y respeto cuando se habla de Gobierno Electrónico y Digital.
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Fernando Flores Fernández

Colaborador invitado

Amigo de la revista y firma invitada de la columna humana «La Patria de Todos los Días», en el número 5.

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