La tozudez tiene su precio
Y lo estamos pagando todos


AMLO nos demostró lo peligroso que es el poder en manos de un terco. Lo aprendimos a la mala: con miles de muertes en la pandemia, porque la narrativa de la 4T era más importante de sostener que las vidas de los mexicanos. Los caprichos del Peje nos costaron — y nos siguen costando — miles de millones de pesos cada año.
Hoy, esa misma tozudez parece haberse convertido en doctrina de gobierno, no en defecto personal.
La presidenta Claudia Sheinbaum protagonizó en una sola semana de mayo dos episodios que retratan con precisión quirúrgica el estado del gobierno actual. El primero: la recepción oficial de BTS en Palacio Nacional — con 50 mil fans en el Zócalo — después de que Sheinbaum enviara una carta al presidente de Corea del Sur para pedirle más fechas de concierto. Mientras las fuerzas que flanquean a Trump buscan pretextos para presionar a México, nuestra presidenta gestionaba diplomacia K-pop desde la sede del poder nacional.
No fue una corrección. Fue una rendición disfrazada de acuerdo. Y la diferencia importa, porque gobernar no es solo llegar al resultado correcto — es también el camino que tomas para llegar.
El segundo episodio es más grave. La SEP anunció terminar clases el 5 de junio — recortando más de un mes — con el argumento del calor extremo y el Mundial 2026. En menos de una semana, la misma propuesta fue anunciada, defendida con vehemencia y luego cancelada. Mario Delgado no reculó por convicción — reculó porque no le quedó de otra.
Lo que más duele no es el error sino la ausencia de oficio político para manejarlo. Eso que los priistas, con todos sus defectos, sí tenían: altura de miras para rectificar sin que la corrección pareciera derrota.
La diferencia con la derecha
Tampoco de ese lado de la balanza está todo bien. Recientemente escuché los conceptos de un "heredero de la derecha" — presunción asumida por él mismo — que lejos de parecerme sensatos me causaron decepción. Me hizo entender el éxito de personajes como AMLO y Trump, pues ellos encontraron el caldo de cultivo de sus movimientos en la polarización, que bien se entiende en lo que escuché del joven pitufín. Conceptos abstractos, alejados de la realidad, alabanzas que no le corresponden e ideas ofensivas para millones de mexicanos que a pesar de trabajar y "echarle ganas" no tuvieron la suerte de ser privilegiados.
De ambos lados no hay a cuál irle. Parece que la justicia social, la igualdad y la democracia fueron solo ideales de otra época, recursos retóricos para convencer a las masas y no verdaderos pilares ideológicos de nada.
De ambos lados de la cancha, la justicia social y la democracia parecen haber dejado de ser convicciones para convertirse en recursos retóricos. Y mientras tanto, nosotros seguimos esperando que alguien demuestre que gobernar no es un ejercicio de ego colectivo.



