
El dummy llegó. Ese libro grueso, impreso en papel hueso, con tipografía perfecta y cero alma aparente. El que Miranda Priestly recibiría en su oficina de Manhattan — o en su departamento de Polanco — sin decir gracias, solo con una ceja ligeramente levantada.
Y este mes el libro trae una sola verdad incómoda:
La gente ya no quiere que la IA sea buena. Quiere que sea menos convincente.
Después de saturarnos de perfección artificial, el nuevo estatus de lujo es lo torpe, lo roto, lo que se nota que fue hecho por alguien que respiraba — o que al menos finge respirar muy bien.
Observaciones de la jefa (sin anestesia):
→ "Sin filtro" se convirtió en el nuevo filtro. El que más se vende.
→ Los videos que más views tienen son los que parecen grabados con el iPhone en la mano temblorosa, no los que usaron Runway + ElevenLabs + CapCut Pro.
→ Decir "esto lo escribí yo, sin IA" ahora suena tan pretencioso como "esto es edición limitada" en Shein.
→ Y aun así, todos corren a pedirle a Grok, Claude o ChatGPT que les escriba el mensaje "auténtico" para terminar una relación, pedir aumento o confesar que están tristes.
"Autenticidad… Por favor. Hasta la autenticidad la estamos generando ahora." — Miranda Priestly, pisando la portada con sus Louboutin
En México hacemos lo de siempre: llegamos tarde a la tendencia pero con más cinismo. Criticamos la IA en TikTok mientras usamos IA para editar el video donde la criticamos. Nos da risa ajena y vergüenza propia al mismo tiempo.
El libro se cierra. Nadie sabe ya qué es real. Y lo más peligroso es que cada vez les importa menos.
Bienvenidos a mayo de 2026.

